jueves, 29 de agosto de 2013

El realquilado.

Mi tatarabuelo y su hermano eran copropietarios de un piso y nunca se ponían de acuerdo en nada, de tal manera que el segundo empezó a boicotear las acciones del primero y viceversa. La cosa llegó a tanto que un vecino con dinero se ofreció a ayudar al segundo en sus pretensiones testificando que sus aspiraciones eran legítimas. Mientras los tribunales dirimían la propiedad del inmueble el hermano de mi tatarabuelo aprovechó un despiste para alojar a uno de los hijos del vecino en una habitación al final de la casa, donde éste se encerró y resistió gracias a los alimentos y bebidas de los que le surtían por la ventana. Al final los tribunales dirimieron en favor de mi bisabuelo, que invitó al hijo del vecino a volver a su casa. Las excusas y dilaciones eran constantes y al final, presionado por la comunidad de vecinos, mi tatarabuelo permitió al realquilado el uso y disfrute de la habitación, a lo que se añadió el derecho a entrar en la misma mediante una nueva entrada que se practicaría al otro lado. Mi bisabuela tuvo que mudarse, ya que su habitación estaba ocupada por el hijo del vecino. A lo largo del tiempo varias veces se intentó recuperar el trozo sajado del inmueble, no tanto por su valor como por lo incómodo de tener a un extraño viviendo en casa. Al tener dinero, el realquilado y sus descendientes siempre han logrado de un modo u otro permanecer en la habitación del fondo, y cuando los tribunales les han dicho que se vayan siempre han puesto tantas excusas que las sentencias se han visto incumplidas. En una época en que mis abuelos andaban a la gresca -a punto estuvieron de romper definitivamente - tapiaron la puerta que daba a nuestro salón. Eso ya fue el acabose ¡Qué poca vergüenza los vecinos estos! Mi familia en pleno estaba indignada... pero el tiempo lo diluye todo, y cuando quisimos darnos cuenta el tabique había ganado terreno a nuestro salón. Después vino el volver a abrir una puerta, al fin y al cabo hay que ser buenos vecinos, no vamos a estar todo el día peleando y esas cosas tan hermosas. Hace poco decidieron que la ventana de nuestro salón era de ellos y, para evitar que cometiéramos cualquier barbaridad en una zona tan hermosa de la casa, han instalado unas jardineras. Así mantienen el valor ecológico de la misma, dicen. Entre las jardineras y el antiguo tabique se dedican a venderles golosinas a los hijos de mi hermano mayor, golosinas que tienen muy prohibidas por los daños que provocan en su salud. Un día éste se enfadó y decidió que si sus hijos querían ir a la habitación del vecino le iban a enseñar los bolsillos, y los hijos del vecino tendrían que hacer lo propio, y les avisó de que iba a quitar las jardineras. Los descendientes del vecino de al lado, del tatarabuelo de los okupas, que además están cachas y hacen kung-fú, llevan diciéndole a mi hermano desde entonces que se ande con cuidado, que si tienen que actuar para defender a sus parientes no dudaran ni por un momento, y unos parientes nuestros que están resentidos con nosotros dicen que claro, que tienen razón y que tampoco es para ponerse así... ¿A qué es una historia ridícula? ¿No os lo parece? Pues por eso Gibraltar es Español, y dejémonos de coñas de una vez. 

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