miércoles, 15 de octubre de 2014

A mi padre. Epílogo.

Ya hace tiempo que añoro
en mi mano tu mano
que me guíe y me auxilie
mientras ando mis pasos.

Me pregunto ahora mismo
si tú estarás contento
de mis logros y avances
y perdonas mis yerros.

Con los años más fácil
me resulta entenderte
valorar tus maneras
y por ello quererte.

Y es que te echo de menos;
tantos años de aquello
y aun te tengo presente
en los peores momentos.

Todavía me acuerdo
de tus ásperos besos
cuando por las mañanas
nos querías despiertos.

La persiana y tus voces
bendiciendo las luces
y unos rayos traviesos
que en el suelo hacían bucles.

No será en esta vida
ya no vendrás a verme
y como ahora soy padre
sólo en mí podré verte.

¿Pero soy de ti digno?
¿De llamarme tu hijo?
¿Voy honrando tu nombre
como Dios nos lo dijo?

Si yo quiero a mi abuelo
como todos sus nietos
es por haber tenido
de mi padre el ejemplo.

Una bala maldita
me impidió conocerlo
y por ti, padre mío,
he llegado a quererlo.

No soy yo, somos todos,
que te echamos de menos
en los malos momentos
y también en los buenos.

Y sabemos, creyentes,
que tras muertos nos vemos
y por eso sumisos
intentamos ser buenos.

No sé si lograremos
encontrar el camino
pero lo intentaremos
por reunirnos contigo.

Y ahora dejo estos versos
pero no el sentimiento;
Papá, tú ya lo sabes:
para mí no estás muerto.

3 comentarios:

  1. Para mi también está cerca. Lo he conocido de verdad en un curso de retiro, me contó lo santo que era vuestro abuelo que también esta cerca son unos santos. Que nos ayuden en todo lo que nos acerque a ser santos.
    Doy gracias a Dios de haber estado con Pedro Perales y su hijo Mariano.

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