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jueves, 17 de noviembre de 2016

Un hombre honesto

Al escuchar el sonido de la puerta al abrirse bajó el periódico, heraldo de un mundo injusto y violento en el que la verdad ha dejado de ser un valor.


- ¡Pero por Dios! ¿Qué te ha pasado...?
- Papá... ha sido el padre de María... no sé cómo...
- ¿El padre de...? No entiendo, pero ven... límpiate... ¡Pero qué demonios...!
- Te prometo que fue sin querer, yo ni siquiera quería tocarla... perdí los papeles y... ella debió avisarle por mensaje, porque inmediatamente después me abordó en la calle y sin mediar palabra empezó a pegarme sin parar, hasta que me dejó así y se fue como había venido.


Se paró en seco y musitó un Dios bendito que apenas llegó a sus labios. Enarcó una ceja y en sus ojos se reflejó toda la tristeza de los momentos en que no estuvo con él para educarle, enseñarle y hacer de él un buen hombre. Cada grito dado a su mujer, cada comentario improcedente, cada amenaza velada -hablar por hablar- volvió a su mente como si fuera el momento en que pasó.


Cogió la chaqueta y salió de casa, su rumbo fijo y su idea clara.


Cuando llegó a la comisaría no dudó ni un solo instante, pero su voz salió quebrada y en un hilo, reflejo de todos los sentimientos (ninguno bueno, ninguno alegre, ninguno de consuelo) que le habían flanqueado en el trayecto desde casa.


- Vengo a denunciar a mi hijo...

domingo, 23 de octubre de 2016

Conversación.

- ¿Y si no la hubiera conocido? ¿Sería como ahora soy?
- No. Sabes que no serías quien eres. Y aunque sea difícil saber si serías peor o mejor, sin duda sabes que no serías la misma persona.
- Ya, pero he pensado tantas veces que me ha cambiado y que estar con ella hace que no sea la misma persona.
- Sí, pero en cualquier caso no lo serías; todo el tiempo que habéis pasado juntos lo habrías pasado, para bien o para mal, y no serías el mismo que eras en ese momento.
- A veces no sé si me arrepiento.
- Eso es tanto como decir que a veces no sabes si acertaste. Dudar no importa, es mejor que estar seguro, pero cada vez que pienses en todo lo aquello a lo que supuestamente renunciaste, recuerda que ella hizo lo mismo.
- Soy un idiota ¿No?
- No. Al menos eres capaz de hablar contigo mismo.

miércoles, 24 de junio de 2015

Caesar

- ¿No eres capaz de entender que ya pasó todo?
- Nada ha pasado, siempre se me recordará.
- Nadie lo hará. Un líder no es el que demuestra a los demás que es el más fuerte, si no el que les hace ver hasta donde llegan sus fuerzas.

Lo miró con extrañeza y sus glaucos ojos dudaron por primera vez.

- ¿A qué te refieres?
- ¿Cuando te fuiste era todo mejor? ¿Tu huella tuvo continuidad o fue borrada como las que dajas en la playa con la marea baja?
- ¡Mucha gente después me dijo que había sido único!
- Sin duda; el mundo está lleno de aduladores, de polillas que se ciegan ante la luz y son capaces de abrasarse sin saber el porqué.
- Su respeto era sincero.
- No lo era, era obediencia, y terminó cuando te fuiste. La obediencia se debe y el respeto se gana, no deberías haberlo olvidado, y más bien hiciste lo contrario.
- Pero era un jefe querido y respetado.
- No lo eras: Eras temido y obedecido, buscabas la adulación y abusaste de los débiles en vez de protegerlos.

Sus ojos se humedecieron y por primera vez sintió unas ganas irresistibles de llorar, de buscar un hombro amigo, de sincerarse con alguien... pero a su alrededor todo estaba vacío. Ni siquiera sabía con quien hablaba, aunque su rostro le resultaba familiar.

- ¿Por qué has venido a decirme esto?
- Porque soy tu peor fracaso, el que más sufrió por tu causa.
- Y quieres venganza, claro.
- ¿Ves en mi rostro ánimo de revancha? ¿Me notas enfadado o con ánimo de lucha?
- No. Pareces tranquilo, sosegado... es como si no te debiera nada.
- Y no me debes nada. Hace tiempo que soy más de lo que tú probablemente seas nunca. Todo el sufrimiento que me causaste te hizo tanto mal como a mí bien, y ni siquiera pudiste darte cuenta de que era el mejor de tus hombres, el que más se esforzaba, el que más sufría, el que más dolor soportó.

El miedo asomó por fin a sus ojos.

- ¿Quién eres? ¿No te recuerdo?
- Tal vez recuerdes cuando le dijiste a mi madre que lamentabas lo ocurrido, a mí no creo que me llegaras a ver nunca.

Lo entendió, al fin, y entonces una ola de terror recorrió su cuerpo de arriba abajo.

- ¿Estoy muerto?
- Sólo una parte de ti, sólo el envoltorio en el que has sido una oruga. Se te dio la oportunidad de hacer grandes cosas y sólo la utilizaste para agrandar tu ego, para engordar tus ansias de grandeza, para ser el abusón de la clase mientras la vida te lo permitió. Nunca llegaste a comprender que entre los tuyos había muchos mejores que tú, nunca les dejaste expresarse y en cambio buscaste a aquellos que te reían las gracias, que te profesaban obediencia ciega.

Comprendió lo inevitable: Había muerto y había llegado el momento de saldar deudas con Dios y con los hombres.

- No tengo miedo. Soy capaz de enfrentarme a todos aquellos a los que causé algún perjuicio en vida.

Lo miró, impasible, y encogió ligeramente los hombros.

- No es  momento de bravuconadas. Tu recuerdo no llegaba ni a las tardes de esas jornadas interminables, ni a los sábados posteriores a tus tropelías. Ningún verano fuiste parte de los pensamientos de aquellos en quienes pretendías influir. Y hay algo que deberías entender ya desde el principio...
- ¿Que debo entender, dime, que es eso con lo que pretendes asustarme?
- No pretendo asustarte, pero  no eres capaz de enfrentarte ni a una ínfima parte de lo que se te viene encima. Vayámonos ya, te espera tu primer juicio, y a este juez no se le puede mentir ni hacer esperar, pronto lo entenderás.
- ¿Debo tener miedo, entonces?
- No se debe tener miedo ante la infinita misericordia. Él nos acoge en su seno tal como somos.
- ¿Y por qué, entonces has dicho que no puedo enfrentarme a lo que me espera?
- Porque serás tú el que recuerdes tus acciones y sientas sus consecuencias, nada más que por eso, y todo el poder que tuviste en vida sobre los demás lo sentirás como un todo, y el dolor, y el daño, las humillaciones, el sufrimiento... de ti depende soportarlo o no, ser capaz de sobrellevarlo o condenar a tu propia esencia al No.
- ¿Es posible que yo no...?
- El que todo lo puede es el único que entiende que todo es posible, yo no sabría explicarte el valor del amor, de la oración, de la amistad... Él hará que lo sientas y lo veas y todo será entre tú y Él.
- ¿Volveremos a vernos?
- No.
- ¿Entonces no iré a donde tú estás?
- No se trata de eso: Entonces no serás lo que ahora eres, por lo que nunca me volverás a ver.
- Entonces supongo que debo decirte adiós.
- No es necesario. Cuando seas esencia me recordarás.
- Hasta entonces, pues.
- Sólo una cosa más. Se me ha ordenado que te obligue a recordar mi cadáver desnudo en aquel baño.

Y entonces lloró y lloró hasta que sus ojos se quedaron sin lágrimas y la Voz entró en él y empezó la vida.

miércoles, 15 de octubre de 2014

A mi padre. Epílogo.

Ya hace tiempo que añoro
en mi mano tu mano
que me guíe y me auxilie
mientras ando mis pasos.

Me pregunto ahora mismo
si tú estarás contento
de mis logros y avances
y perdonas mis yerros.

Con los años más fácil
me resulta entenderte
valorar tus maneras
y por ello quererte.

Y es que te echo de menos;
tantos años de aquello
y aun te tengo presente
en los peores momentos.

Todavía me acuerdo
de tus ásperos besos
cuando por las mañanas
nos querías despiertos.

La persiana y tus voces
bendiciendo las luces
y unos rayos traviesos
que en el suelo hacían bucles.

No será en esta vida
ya no vendrás a verme
y como ahora soy padre
sólo en mí podré verte.

¿Pero soy de ti digno?
¿De llamarme tu hijo?
¿Voy honrando tu nombre
como Dios nos lo dijo?

Si yo quiero a mi abuelo
como todos sus nietos
es por haber tenido
de mi padre el ejemplo.

Una bala maldita
me impidió conocerlo
y por ti, padre mío,
he llegado a quererlo.

No soy yo, somos todos,
que te echamos de menos
en los malos momentos
y también en los buenos.

Y sabemos, creyentes,
que tras muertos nos vemos
y por eso sumisos
intentamos ser buenos.

No sé si lograremos
encontrar el camino
pero lo intentaremos
por reunirnos contigo.

Y ahora dejo estos versos
pero no el sentimiento;
Papá, tú ya lo sabes:
para mí no estás muerto.