martes, 17 de septiembre de 2013

La mentira catalana (I)

Algunas veces se falsea tanto y tantas veces la realidad que hace falta que alguna voz diga la verdad. Con respecto a la diada y al masivo apoyo que la sociedad catalana ha brindado a la misma hay varias cosas que decir.
Una vez perdida la batalla del lenguaje contra los independentistas, en la cual no sólo han conseguido que se les denomine nación; que todo lo que ellos quieran se diga en catalán -incluidos los nombres castellanos de no catalanes, como Joan Carles el rei-  que hablemos del President, la Generalitat y el Conseller en Cap, que digamos Jaume (pronúnciese “Llauma”) que les llamemos soberanistas en vez de lo que son y un montón de cesiones lingüísticas más que hasta han hecho que al castellano se le llame español para así discriminar a los hispano-hablantes consistentemente negando la españolidad de su propia lengua, ya hay que referirse a lo que es directamente mentira. Y las mentiras conviene desenmascararlas no vaya a ser.
La primera mentira es que en la diada de marras se conmemore un acto de catalanidad. En tan señalado día lo único digno de mención que se podría celebrar es la heroica -e infructuosa- defensa que de la ciudad condal hizo el malhadado Rafael Casanova, que rindió la ciudad el 11 de septiembre de 1714 a las tropas borbónicas que la mantenían asediada por apoyar ésta al bando carlista. El citado personaje, jurista para más señas, fue exonerado de sus responsabilidades por indulto en 1719 y falleció el 2 de mayo de 1743 después de haber ejercido la abogacía en Barcelona hasta 1737. No sé muy bien que tendrá que ver eso con la independencia o el catalanismo, pero en fin… si quieren celebrar que celebren, pese a que a mí no me parecen especialmente festivos cuando salen en televisión.

La segunda mentira es que Cataluña haya sido nunca un estado independiente. Lo único parecido a la independencia es el periodo medieval tras la caída del Imperio Carolingio en el que el vasallaje que rendían algunos de sus condados al más poderoso de Barcelona dotaba a la región de una cierta homogeneidad. La primera vez que se alude a Cataluña como un principado es en el Siglo XIV, después de doscientos años formando parte del Reino de Aragón tras el matrimonio entre Ramón Berenguer y Petronila en 1137. La Constitución Española reconoció a Cataluña como nacionalidad histórica por sus anhelos románticos de finales del Siglo XIX y su Estatuto durante la 2ª República. Lo demás entra en el plano de los deseos.

http://www.intereconomia.com/blog/mejores-noticias-alba/222-mentiras-sobre-nacionalismo-catalan-20110926

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